Yo soy la salsa

Yo soy la salsa

En una esquina de mi casa materna había una representación de Moisés, bajando del monte Sinaí con las tablas de la ley en sus manos. Yo sentía fascinación por la imagen, que me hacia pensar en esa vida mitológica que combinaba todos los ingredientes de los grandes héroes: supo enfrentar limitaciones, al luchar contra la tartamudez; tuvo un momento de auto descubrimiento, cuando supo que era hijo de la sirvienta hebrea y no de la hija del faraón; y, para ponerle tapa al pomo, después de cuarenta años guiando a su pueblo en el desierto, fue condenado a morir sin alcanzar la tierra prometida.

Entre todos los momentos de su vida, tal vez el más definitorio es el encuentro con la zarza ardiente. ¿Lo recuerdan? Según sus propias palabras, recogidas en uno de los libros que la tradición le atribuye, Moisés estaba apacentando las ovejas de su suegro, cuando se le apareció Jehová en la forma de una llama de fuego en medio de un pequeño árbol de zarza. Él percibió que la zarza ardía sin consumirse, pero cuando intentó acercarse para sondear el misterio, una voz le advirtió: “No te acerques, y quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en que estás, es tierra santa”. Solo entonces comprendió que estaba en presencia de un Dios misterioso, que se le presentó en términos nada modestos: “Yo soy el que soy”. En ese encuentro, Moisés recibió el mandato de liderar la salida de su pueblo de la esclavitud que había soportado ya por dos generaciones.

Tres milenios después, dos músicos puertorriqueños convertidos al Evangelio, Richie Ray y Bobby Cruz, tomarían esa lejana historia de liberación hebrea y la volverían a contar en el ritmo delirante que los caribeños hispanos habían inventado en las calles de Nueva York: la salsa. La canción a la que me refiero apela a un juego de palabras al presentar a un tipo que se vanagloria de ser el “rey de la salsa”, pero quien de repente oye una voz estruendosa que le advierte que “la zarza soy yo”. En ese momento, la salsa era un ritmo relativamente nuevo, que había germinado tras décadas de fermentación en el Caribe y que solo había adquirido un nombre a finales de los sesenta, cuando al propio Richie Ray se le ocurrió decir en una entrevista: “Esta música que hacemos es como la salsita, que le pone sabor a la comida”.

Si recuerdo estas cosas, lo hago motivado por la película que acabo de ver, «Yo soy la salsa», que rinde tributo a la vida de Johnny Pacheco, el dominicano cofundador de La Fania (el sello disquero que transformó la salsa en un fenómeno musical) y quien además compuso e interpretó mil y una canciones emblemáticas. La película cumple su cometido: las anécdotas sobre Pacheco son emocionantes, la combinación de imágenes y sonidos de antes con grabaciones recientes me pareció un excelente trabajo de edición, y los 80 minutos de duración se pasaron volando. Solo eso, por sí, sería suficiente para valorarla de forma positiva.

Pero, más que eso, la película es también la historia de un tema social que la trasciende, y el contraste entre las imágenes (casi siempre de la ciudad de Nueva York en los setenta) y las palabras (que reiteran y reiteran lo latino, lo africano y lo caribeño) hace inevitable pensar en la salsa como un instrumento de reafirmación cultural en un ambiente hostil. Como los israelitas, los caribeños hispanos habían emigrado a Nueva York en busca de la tierra que fluye leche y miel, pero se encontraron con un gran desierto de turbulencia política y racial. A semejanza de los israelitas, esa masa humana necesitaba crear algo que pudiera mostrar como propio ante el resto de la sociedad estadounidense, diciéndole a los demás: “!esto es mío!”.

Las letras de la salsa, en fin, tenían que ser para ese grupo de almas una especie de tabla de la ley. Es por eso que el título del nuevo filme, con su referencia (voluntaria o inadvertida) a la zarza ardiente, me parece tan sugestivo y sobrecogedor. «Yo soy la salsa» es probablemente lo mejor que veremos en el cine dominicano de este año y una excelente muestra del tipo de obra que yo quisiera ver producirse en nuestro medio. Ojalá que los quetelectores aprovechen un fin de semana y vayan a verla. ¡Pa’ que gocen…!

3 Responses to Yo soy la salsa

  1. Raymer Díaz Hdez. dice:

    Muy buen documental! Aunque me parece más la historia de La Fania que una biografía de Pachecho. Pero la verdad, tuve una sensación extraña viendo este documental: es la primera película que pienso debe verse bailando 🙂

    Recomendada!

  2. jose alejandro dice:

    Me gustaría saber cual es el nombre de la canción de Richie Ray y Bobby Cruz? Jose Alejandro ID:1067214, sec.17 (AHO-101-18)

  3. Juan Jose Del Carmen Diaz dice:

    buenas tarde, tengo dos pregunta ¿Se podría decir que el origen de la salsa es religioso? y ¿La salsa empezó como una forma de expresar la libertad de las personas?
    Juan José Del Camen D.
    ID: 1067128
    Sec: 17 (AHO-101-17)

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